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TRANSICIÓN ENERGÉTICA · REVOLUCIÓN ECONÓMICO-SOCIAL

Seguridad energética y transición energética justa

Seguridad energética y transición energética justa

Nivel de lectura
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Contexto

Colombia depende del petróleo y el carbón para financiar su Estado. Esa dependencia es una trampa: los precios internacionales deciden nuestros presupuestos, y el planeta nos cobra con sequías, inundaciones y crisis climática. La transición energética no es solo un cambio tecnológico, es un cambio de rumbo histórico. Y debe hacerse con justicia, no a costa de los trabajadores ni de los territorios.

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¿Qué está pasando?

  • 01Depender del petróleo y el carbón significa depender de los precios internacionales de esos productos, que suben y bajan según decisiones que se toman en Riad, Houston o Moscú, no en Bogotá. Cuando los precios caen, caen nuestros presupuestos, nuestras regalías y nuestra capacidad de invertir en lo que el país necesita.
  • 02Los combustibles fósiles representan el 78% de la oferta primaria de energía y el petróleo y el carbón son el segundo y tercer producto de exportación, una concentración peligrosa para una economía tan pequeña en ese mercado mundial.
  • 03La economía extractivista genera inversión golondrina: empresas que llegan cuando los precios suben y se van cuando bajan, sin dejar industria ni desarrollo real en los territorios.
  • 04La supervivencia del planeta exige que logremos una pronta transformación de la matriz energética, con progresivo desuso de combustibles fósiles y aumento de la demanda de materias primas para energías limpias.
  • 05Colombia tiene una deuda histórica con el acceso y la calidad de los servicios públicos, y millones de hogares aún sin energía en regiones y territorios.
  • 78%de la oferta primaria de energía en Colombia sigue siendo de combustibles fósiles. Eso es lo que hay que transformar.
  • 17%de energía limpia en la matriz energética, logrado por primera vez en la historia del país gracias al Plan 6GW solar y eólico.
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¿Por qué pasa?

Porque durante décadas el modelo económico colombiano fue diseñado para extraer y exportar recursos naturales sin transformarlos, no para construir industria propia ni garantizar energía accesible a la ciudadanía.

Porque hay intereses muy poderosos, empresas multinacionales, gremios del sector fósil, intermediarios financieros, que prefieren seguir en el modelo actual antes que apostar por una transformación que les reduciría ganancias.

Porque las normas que rigen el mundo de la energía en Colombia, fueron creadas hace más de 30 años, en un contexto en el que ni el cambio climático ni la transición energética justa ni las energías renovables hacían parte de la conversación.

Porque la transición energética se ha aplazado con el argumento de que "Colombia necesita el petróleo para financiarse" sin plantear en serio cómo salir de esa dependencia con un plan real.

La sección que queremos que te lleves

¿Qué proponen Iván y Aída?

6 apuestas políticas concretas
  1. 01
    Crear una entidad del Estado que gestione el abandono progresivo de fósiles y la expansión de energías limpias: la Agencia Nacional de Energía (ANE). Que nazca a partir de la fusión de la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH) y el Instituto de Planificación y Promoción de Soluciones Energéticas para las Zonas No Interconectadas (IPSE).
  2. 02
    Multiplicar por casi dos la energía limpia que ya produce Colombia: el gobierno actual logró que el 17% de la energía viniera del sol y el viento. Iván propone seguir acelerando ese proceso hasta que las energías limpias sean mayoría en nuestra matriz. Plan 6GW → 10GW. Además, continuaremos con la iniciativa Misión Transmisión, para actualizar completamente la columna vertebral del sistema eléctrico con el fin de conectar nuevos usuarios, conectar la nueva generación y mejorar la calidad del servicio de energía eléctrica.
  3. 03
    Seguridad energética y gestión inteligente de los recursos: dado que actualmente existen más de 16 millones de hectáreas con contratos vigentes, no abrir nuevos contratos petroleros , pero sí sacarle el máximo provecho a los que ya existen: la transición no puede hacerse de un día para otro, mientras llega la energía limpia, hay que garantizar que la luz no se va, que el gas llegue a los hogares y que las finanzas nacionales no se vean afectadas antes las dinámicas internacionales de descarbonización.
  4. 04
    Cambiar la ley que regula los servicios públicos, la Ley 142 de 1994, de la energía, el agua y el gas en Colombia. Tiene más de 30 años y fue diseñada para favorecer el mercado por encima de los derechos, no a los usuarios; tampoco no considera las nuevas realidades de la transición energética y competitividad de la renovables Hay que cambiarla para que el acceso a la energía sea un derecho, no un negocio.
  5. 05
    Convocar un Gran Acuerdo Nacional para la Transición Energética Soberana, que reúna a sectores políticos, sociales, sindicales, comunitarios, indígenas, afrodescendientes y campesinos para construir una hoja de ruta compartida, de largo plazo, que garantice nuestra soberanía energética y sea justa social y ambientalmente.
  6. 06
    La transición energética es la oportunidad para superar el extractivismo y avanzar hacia la industrialización. Es también una política de soberanía: la riqueza del subsuelo debe convertirse en dignidad en la superficie.
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¿Qué significa esto para ti?

Si vives en un municipio donde se extrae petróleo o carbón pero no tienes gas ni luz confiable: que la plata que genera esa extracción en tu territorio se quede ahí, en servicios reales para tu comunidad. Si trabajas en el sector petrolero o minero y temes perder tu empleo: ninguna transición responsable destruye empleos sin crear otros. La propuesta es reconvertir ese saber en los nuevos empleos de la energía limpia, no dejarte por fuera. Sí estás en zonas donde se desarrollen proyectos de energías renovables, podrás disfrutar de cobeneficios y/o copropiedad de los proyectos. Para todos: energía más barata, más limpia y más segura. La transición a energía solar y eólica baja los costos de generación y esa rebaja debe llegar a tu factura, no quedarse en las utilidades de las empresas. Votar por Iván y aida es votar por una transición energética justa: con los trabajadores, con las comunidades, con el planeta.
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